Esta
exposición nace de la voluntad y la necesidad de catalogar,
por primera vez de manera rigurosa, el rico patrimonio escultórico
que se conserva en Castiglion Fiorentino. Para tal ocasión
se ha creado también un itinerario urbano con el fin de
documentar los lugares para los que, en origen, fueron destinadas
las obras de la muestra.
Castiglion ha estado siempre caracterizado por una importante
actividad artística, además de por un profundo sentimiento
religioso presente a lo largo de los siglos también a través
del arte, en tallas de madera de carácter devocional, consideradas
obras menores que merecen sin embargo su justo reconocimiento
ademas de una revisión crítico- histórica.
Uno de los principales objetivos de la exposición castiglionense
es el de proporcionar por medio del análisis documental
un conocimiento más completo del variado conjunto escultórico
local comprendido entre el siglo XIV y el XVIII, para esclarecer
así cuestiones de atribuciones, procedencia, encargos,
ventas y traspasos de propiedad.

En algunos casos la compra o la llegada de muchas de las esculturas
expuestas está relacionado con las obras de remodelación
de los edificios religiosos para los que eran destinados. Si tenemos
en consideración que la madera, además de para la
realización de obras de imaginería religiosa se
emplea en la elaboración de todo tipo de adornos y la decoración
de los techos, la muestra de la exposición se extiende
a algunos ejemplos de este tipo aún visibles en las iglesias
del pueblo y que se pueden visiitar siguiendo un itinerario por
las calles de Castiglion. Las obras están expuestas en
diferentes secciones temáticas atendiendo a su lugar de
procedencia y a su funcionalidad litúrgica.
La madera, cubierta con láminas o pintura, se convierte
en el material más adecuado para expresar toda la grandeza
divina y el Misterio de la Muerte y la Resurreción de Cristo,
ya sea en las crucifijos o en los pasos de Semana Santa.
El dolor de Cristo se plasma en la emotiva expresión de
las tallas del Prendimiento (de la iglesia de San Francisco) y
del Ecce Homo (de la iglesia de la Buena Muerte), obras de dos
artistas de Lucignano: la primera de Sallustio Lombardi (1652)
y la segunda de Nicolò Smeraldo Salvi (1617).
La
exposición se inicia con un San Miguel Arcángel
de madera que estaba destinado a ocupar el nicho de la puerta
de San Angel, parte integrante del recinto amurallado que mandó
construir el obispo Guido Tarlati en 1325. A la hermandad de San
Lorenzo se debe el encargo del Crucifijo que actualmente se conserva
en la iglesia del Rivaio. En el caso de esta obra, el análisis
documental ha confirmado además la hipótesis de
Ghizzi de que se trate de una obra de Nero de Borgo Sansepolcro
o de Romano Alberti, llamado el Nero, miembro de una célebre
familia de escultores además de ser el padre del pintor
Durante, conocido también en Roma. La fecha de su ejecución
se remonta a 1562, por encargo de la hermandad de San Lorenzo.
La importancia de este hallazgo constituye una clave fundamental
para un acercamiento a la figura del artista en contraposición
a la teoria de Cristina Galassi que identifica la escultura como
obra dell llamado maestro de Magione, activo en Umbria en el siglo
XVI.
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